5 de noviembre

Hola, Pared.

Béquer nos dijo que las oscuras golondrinas volverían. Puede que no sea una golondrina, pero costando lo que cuesta salir del nido, no entiendo por qué no volar tranquilamente en libertad, por mucho invierno que llegue, visitando ya yermos páramos, ya selvas hidratadas. Lo único que importa es no volver.

Estoy más en sintonía con Machado, que nos decía aquello de que al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Lo sé. El camino no es un paraíso; dista mucho de serlo. Pero no puedo permitirme, Pared, el lujo de quedarme quieta. No quiero pudrirme dentro del nido. Me recuerdo ahora a los gusanos de seda. Quiero volar ya, pero hay demasiado capullo alrededor mía.

Por cierto, tengo que pedirte disculpas por haber faltado a mi compromiso estos días. El nido duele, y aunque las cartas alivian, hay días en los que ni siquiera puedes concentrarte. Pero ya estoy lo suficientemente bien como para gritar mientras corro a la copa del árbol. Espero conseguir volar.

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