6 de noviembre

Hola, Pared.

La perfección se parece al horizonte. No vamos a dejar de mirarlo, de admirarlo; pero tenemos que ser conscientes de que no es real. Podemos acercarnos a ellos, sí; pero ya está. No soñemos ni con rozarlos, por nuestro bien, que no vamos a lograrlo. Pero cuando sigues el camino, ya fuera del nido, hay que estar pendiente de dónde está nuestro horizonte para no pegárnosla.

El horizonte es infinito, como las formas que hay de llegar a cada uno de sus puntos. Por eso en el camino nos encontramos con gente nueva y nos separamos de muchos. Es probable que ninguno vaya hacia donde nosotros, pero es bonito pasar tiempo juntos. Es un error entristecernos porque se alejen, o porque encuentren el mar (que no el horizonte). Ellos serán felices. Debemos serlo sin ellos.

El horizonte, también como la perfección, pierde a la gente. Quién sabe si es por eso por lo que la gente se empeña en hacer daño a los demás, pretendiendo que les marquemos el camino con nuestra sangre. Se me hace imposible no sentir pena, sabiendo que son ellos los que pierden, no sabiendo que hay que hacer caso al camino, a tu horizonte, y tal vez, a tu mar. Jamás a la sangre o a otros.

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